(cursi) Versión 2.0

Los miedos detenidos

(cursi) Versión 2.0

Fidy Says

Los miedos detenidos

30th April 2006

Contarlo.  Decirlo.  Compartirlo.  A la mañana siguiente la resaca de la información es una sensación muy similar a la resaca de besos de bocas vírgenes.
Verbalizar el deseo y dejar escapar suspiros nerviosos o asustados.
Todo toma otro cuerpo atrapado de otras dimensiones.

Y de repente estábamos hablando de embarazos mi amiga y yo y estábamos hablando del mío por venir. Los poros se ponen alertas, los míos, los de ella.

Mirar al futuro con menos miedos y más ganas. 

Contarlo, decirlo, dejar que la risa nerviosa invada el momento.

Y los miedos por un rato de dispersan. Por un rato los miedos se quedan debajo del suelo, junto con las ratas que ni siquiera salen a buscar el queso.

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Día dos: miedos

29th April 2006

Miedos.  Miedo a aburrirme.  Sí los miedos que me asaltan no es a hacerlo bien o mal, supongo que uno siempre lo hace lo mejor que puede.  Mi miedo es un miedo de a dos, el miedo al cambio de rutina.  A no fascinarme con esa  nueva persona.  A que no entre de repente, es mi cotidianeidad.  Miedo a que cansarme de que esté ahí.  Miedo a no poder escribir más, miedo a al tiempo, al espacio, a la risas, a las charlas.
Insisto miedo a aburrirme de él o ella.  Sí ya sé el amor, la inocencia la manga de los magos, lo sé.  Pero dentro mío, la rutina de un llanto, de dos, de un mamá, de un juego, de otro. 
¿Y si no es para mí?  Lo sé, si no es para mí pues no pasa nada… pero la cosa es que por qué, entonces, no puedo dejar de pensar en ello.  Porque no puedo dejar de sonreír cuando pienso en ya no fumar, no beber y mirar con esos ojos de complicidad a Rodrigo, con los que nos decimos, “sí, ji ji, lo estamos intentando”.

Sonrío como quien sonríe cuando ve el auto que le gustaría tener pero como quien se abanicaría si se lo compra porque dice y ahora cómo coño lo pago.   No lo sé.  Supongo, insisto en que si me pregunto todo esto es precisamente porque en sí quiero.  Porque de una forma u otra sí es para mí, para nosotros, porque realmente no me interesa este mismo proceso de manera individual, no se trata sólo de buscar ser madre, sino ser padres.

Sigo con esa sensación de buscar la respuesta en el otro.  Que sea otro el que me diga “anda, hazlo”, porque, también reconozco que cuando dicen de esperar y tal me da ese gusano de “no, yo sí que estoy preparada”.

Diarios íntimos de alguien más.  Saber qué sentían los demás.  ¿realmente para todos es un proceso tan natural en el que no tiemblan y dudan de todo?

Es verdad que la duda se profundiza en la noche.  En esa sensación de reducción de espacio.  Y en la mañana, cuando tomo un café con leche y decido entonces ya no fumar y veo los ojos de él y digo que no quiero una copa de vino y es como si el juego comenzara y se sienta tan  bien.  Y tengo esa sonrisa nerviosa, esa misma que tenía cuando años atrás (tantos años) mi mamá me miraba y me decía “Rodrigo” y yo sonría.  Tan ampliamente que un día, esa misma sonrisa se lo comió y desde ese día lo llevo siempre, siempre dentro mío.

Y sí me da ilusión pero también me da ilusión este nosotros que sólo somos dos y que lo somos tan bien.  Y supongo que con el tiempo y los años igualmente siempre querremos ese tercero (y cuarto) que crezcan a partir de lo que seremos luego… y si tal vez más bien no quiero por el juego este de ser la mujer fuerte e independiente, pero sobre todo diferente.   Ahora ya no sería diferente.  Una madre más, una madre de 28 años, casada, normal común y corriente.  Pero eso, también está bien.  Es parte del mismo proceso: y no pasa nada…

Escalofrío.

Ganas de llorar.

Alegría, miedo, sombras.  Emoción.

Hallar la respuesta más allá de mí, de nosotros, porque el silencio ajeno (que ajeno y silencio se debe de quedar) parece tener una respuesta que va mucho más allá de mí.

Y creo que el día que sepa que dentro de mí está un pedazo de él que se quedará allí dentro cultivandose durante nueves meses (siete o casi diez) y que mi vientre enloquecido estará preparando un pedazo de destino que volverá a unir una vez más el mío al suyo.  Me emociono y me doy rabia.  Y me pregunto y pego por lo cursi.  Pero es que es así como lo siento.

Un anudarnos una vez más.  Tal vez todos los entienden así desde el principio.  Pero es la primera vez que yo lo entiendo así.  Es como estrechar el lazo, ¡qué manera tan egoísta de verlo, tan desde mí y no desde la criatura a venir!.  Pero cómo algo que lleva mi piel y la suya, puede alejarnos.  ¿Cómo algo que nacerá respirando nuestro aire y reirá nuestras risas podría desunirnos?

Y qué voy a hace rlo de la Mostaneza “para qué si así estamos bárbaros”.  ¿Desde cuándo le tengo (tenemos) pánico al cambio?  ¿Desde cuándo nos quedamos sentados frente al muro en vez de cogernos de la mano correr y saltarlo?  Tenemos mucho que perder pero nadie nos dice tampoco que esto no se pierda.

¿Pero porqué no dentro de un año o cinco, porqué  no hace cinco años o uno? ¿Por qué ahora? Está claro que antes no pues porque ya  no fue, y supongo que después tampoco porque las dudas cada vez serán más grandes hasta que un día, como dice Cortazar, nos terminará echando de la casa, asfixiando, secando los poros y ganando la batalla.

Y ahora me gustaría tener 16 años y voler a creer en la suerte de las monedas.

De todas formas, hoy después de hacer el amor, mi risa llena de sus besos no podía comportarse y llena de nervio adolescente se dejó llenar de  mimos y llenarlo de mimos a él, y esa misma risa traviesa quería preguntar si al final de cuentas a tres o cinco días de fecha de ovulación igual hoy, sábado 29, hicimos el amor, sin decir nada más, sin acabar afuera ni ponernos condón.  Y ahora siento el pecho siento de llanto.  De complicidad, de ganas de gritarselo al mundo porque tal vez en realidad sólo me lo quiero gritar a mí.

Y hace dos días me vi una cana.  Y Rodrigo ya tiene entradas en el cráneo.  Y la familia nos espera con los brazos abiertos.  Y al fin y al cabo eso es lo que somos: familia. Y la vuelta será difícil. 

Ese huevo, huevito, que se llene de todos ellos, y sino que los ovarios, futuros hornos (¿electricos o agas?) que sigan reservando todo eso.

Y mientras tanto entenderme mujer cocina y algún día mamá, y entenderlo a él igual, porque al final de cuentas seguiré siempre siendo mis  letras, mis luchas, mis estudios (hoy) mis inseguridades, y sí también, mi mujer mezcla mamá y abuela.

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El primero comienzo

28th April 2006

Vale, es verdad, las letras me gustan y esto de los blogs es medio un vicio.  Pero de repente, tras tratar de encontrar por todos los medios algún sitio en la red que contestara a mi pregunta ¿cuándo es el mejor momento para tener un hijo? (supongo que el simple hecho de hacerte esa pregunta empieza a demostrar que ese “mejor momento” ya está cerca) decidí empezar el mío.   
La cosa es que necesitaba motivos que convencieran a la cabeza, que acallaran los miedos.  Así que esta tarde decidí que en vez de seguir escribiendo en mi agenda, y en letras invisibles cuando cierro los ojos, todo lo que me pasa por la cabeza sobre este sentimiento de ser padres, ser madre, ser dos y tres hacerlo directamente en un blog, que, tengo la sensación podrá, tal vez, ser útil para alguien más.
No digo que mi voz vaya a ser diferente ni pienso que diré nada nuevo, pero tal vez sí que dejo ver algo más tras ese espejo de maternidad divina y sagrada que siempre nos venden por donde sea que miremos.

Tengo 27 años.  Trabajo, estudio y me dedico a escribir.  Hace siete años que estoy casada (digo casada más allá de términos legales y religiosos). 

Ser madre.  Hace años que vengo repitiendo la frase “si fuera hombre ya hubiera tenido un hijo” lo que más me puede es la imagen de la mujer mamá, la mujer con tripa rellena de bebé y sonrisa de “voy a ser mamá, trátame como al pétalo de una rosa”.  Pero no se trata sólo de ser madre y tener pánico de caer en lo mismo y ser una gorda culona (seguro lo seré y seguro diré “me da igual” y eso es lo que más miedo me da) que toma helado, también se trata de ser madre y darle ese espacio al padre para entender todo lo que nosotras podemos entender durante al menos nueve meses.
Tanto miedo.

Supongo que el miedo lo sigo teniendo.  Pero antes de ayer hablando con las amigas de una amiga mía una de ellas tenía mucho pero que mucho miedo de irse a vivir con el novio por todo lo que puede salir mal.  Y es verdad, tantas cosas pueden salir mal.  Pero de fuera, estaba tan claro que tenía que hacerlo.  Se lo dije y lo comparé con mi miedo a ser padres, y me vi de afuera y supongo que estuvo igual de claro.  Pero el miedo, enterrado quién sabe cuántos meses o años atrás puede que siga ahí.  El Pepito planificador y centrado insiste en que tal vez realmente ahora no es el mejor momento.  Ya sabes, no tendré baja de maternidad (de tenerla probablemente tenga baja permanente) y en todo caso de que la tenga, qué pasa después de esos meses.  Estamos solos acá.  Rodeados de amigos, de seres maravillosos que nos quieren mucho pero la realidad de un bebé de cuatro meses será nuestra.  La verdad es que no podemos vivir sin  mi suelo (no que yo dejara de trabajar, pero puedo seguir haciendo mis novelas – que es mi “verdadero” trabajo pero ese NO es remunerado ☹) y no sé muy bien cómo sería que pudiera seguir trabajando.  Pero anoche, después de la charla sentí que todo eso, por arte de magia (esa misma magia que no sería la primera vez que actúa) todo se arreglará.

La charla.    La semana pasada yo volví de un viaje relámpago a mi ciudad natal (Mar del Plata, Argentina) porque mi abuela estaba muy grave.  Fue sólo una semana de estar en casa.  Mamá, Abuela, Papá, mar, calles, re encuentro conmigo misma.  Una noche, mientras me reconciliaba con mi abuelo (muerto hace cuatro años) sin pensarlo y sólo dejándome ser acuné a mis ovarios diciéndoles que se limpien, que cojan todas esa energía, todo ese amor, todos esos ojos maravillosos que me vieron crecer y me llenaron de cariño, que cogieran lo más que pudieran de ese aire, para que cuando ese hornito se pusiera en marcha cogieran todas esas reservas para dárselas a ese bebé por venir.

El próximo miércoles nos vamos a México, y ese fin de semana nos iremos a Acapulco.  Acapulco con vientos llenos de cenizas vitales.  Acapulco lleno de historia.  Acapulco rodeados de otra familia que nos también nos adora.  Luego estaremos rodeados de más familia, y ese huevo que todavía no sería ni del tamaño de un alfiler se irá llenando de tanto y tanto amor y expectativas que aún en secreto y en silencio iremos reservando cada susurro para que se llene de él, para que a pesar de los miles de kilómetros que luego nos separaran de todos ellos, ese bebé, consecuencia del destino nómada de la familia, sienta las raíces de su existencia extendidas más allá de los continentes.

No dije empezar a buscar.  Dije este mes.  Él dijo lo mismo.   Junio será otro mes.  Junio ahora no existe y no importa.  Y tal vez pase Mayo y pasé sin más, un Mayo más, un Mayo hermoso donde volvimos a nuestra otra casa, donde Rodrigo cumplió 30 años, donde yo hice los exámenes para entrar a la Universidad, y donde por primera vez nos animamos a dar el salto y decir, talvez a partir de este mes seamos padres.

Y ahora no quiero pensar en los miedos, en los papeles sociales, no quiero pensar en nada más que en la posibilidad que de repente los ojos de Rodrigo miren maravillados un útero en movimiento.

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