Miedos. Miedo a aburrirme. Sà los miedos que me asaltan no es a hacerlo bien o mal, supongo que uno siempre lo hace lo mejor que puede. Mi miedo es un miedo de a dos, el miedo al cambio de rutina. A no fascinarme con esa nueva persona. A que no entre de repente, es mi cotidianeidad. Miedo a que cansarme de que esté ahÃ. Miedo a no poder escribir más, miedo a al tiempo, al espacio, a la risas, a las charlas.
Insisto miedo a aburrirme de él o ella. Sà ya sé el amor, la inocencia la manga de los magos, lo sé. Pero dentro mÃo, la rutina de un llanto, de dos, de un mamá, de un juego, de otro.
¿Y si no es para mÃ? Lo sé, si no es para mà pues no pasa nada… pero la cosa es que por qué, entonces, no puedo dejar de pensar en ello. Porque no puedo dejar de sonreÃr cuando pienso en ya no fumar, no beber y mirar con esos ojos de complicidad a Rodrigo, con los que nos decimos, “sÃ, ji ji, lo estamos intentandoâ€.
SonrÃo como quien sonrÃe cuando ve el auto que le gustarÃa tener pero como quien se abanicarÃa si se lo compra porque dice y ahora cómo coño lo pago. No lo sé. Supongo, insisto en que si me pregunto todo esto es precisamente porque en sà quiero. Porque de una forma u otra sà es para mÃ, para nosotros, porque realmente no me interesa este mismo proceso de manera individual, no se trata sólo de buscar ser madre, sino ser padres.
Sigo con esa sensación de buscar la respuesta en el otro. Que sea otro el que me diga “anda, hazloâ€, porque, también reconozco que cuando dicen de esperar y tal me da ese gusano de “no, yo sà que estoy preparadaâ€.
Diarios Ãntimos de alguien más. Saber qué sentÃan los demás. ¿realmente para todos es un proceso tan natural en el que no tiemblan y dudan de todo?
Es verdad que la duda se profundiza en la noche. En esa sensación de reducción de espacio. Y en la mañana, cuando tomo un café con leche y decido entonces ya no fumar y veo los ojos de él y digo que no quiero una copa de vino y es como si el juego comenzara y se sienta tan bien. Y tengo esa sonrisa nerviosa, esa misma que tenÃa cuando años atrás (tantos años) mi mamá me miraba y me decÃa “Rodrigo†y yo sonrÃa. Tan ampliamente que un dÃa, esa misma sonrisa se lo comió y desde ese dÃa lo llevo siempre, siempre dentro mÃo.
Y sà me da ilusión pero también me da ilusión este nosotros que sólo somos dos y que lo somos tan bien. Y supongo que con el tiempo y los años igualmente siempre querremos ese tercero (y cuarto) que crezcan a partir de lo que seremos luego… y si tal vez más bien no quiero por el juego este de ser la mujer fuerte e independiente, pero sobre todo diferente. Ahora ya no serÃa diferente. Una madre más, una madre de 28 años, casada, normal común y corriente. Pero eso, también está bien. Es parte del mismo proceso: y no pasa nada…
EscalofrÃo.
Ganas de llorar.
AlegrÃa, miedo, sombras. Emoción.
Hallar la respuesta más allá de mÃ, de nosotros, porque el silencio ajeno (que ajeno y silencio se debe de quedar) parece tener una respuesta que va mucho más allá de mÃ.
Y creo que el dÃa que sepa que dentro de mà está un pedazo de él que se quedará allà dentro cultivandose durante nueves meses (siete o casi diez) y que mi vientre enloquecido estará preparando un pedazo de destino que volverá a unir una vez más el mÃo al suyo. Me emociono y me doy rabia. Y me pregunto y pego por lo cursi. Pero es que es asà como lo siento.
Un anudarnos una vez más. Tal vez todos los entienden asà desde el principio. Pero es la primera vez que yo lo entiendo asÃ. Es como estrechar el lazo, ¡qué manera tan egoÃsta de verlo, tan desde mà y no desde la criatura a venir!. Pero cómo algo que lleva mi piel y la suya, puede alejarnos. ¿Cómo algo que nacerá respirando nuestro aire y reirá nuestras risas podrÃa desunirnos?
Y qué voy a hace rlo de la Mostaneza “para qué si asà estamos bárbarosâ€. ¿Desde cuándo le tengo (tenemos) pánico al cambio? ¿Desde cuándo nos quedamos sentados frente al muro en vez de cogernos de la mano correr y saltarlo? Tenemos mucho que perder pero nadie nos dice tampoco que esto no se pierda.
¿Pero porqué no dentro de un año o cinco, porqué no hace cinco años o uno? ¿Por qué ahora? Está claro que antes no pues porque ya no fue, y supongo que después tampoco porque las dudas cada vez serán más grandes hasta que un dÃa, como dice Cortazar, nos terminará echando de la casa, asfixiando, secando los poros y ganando la batalla.
Y ahora me gustarÃa tener 16 años y voler a creer en la suerte de las monedas.
De todas formas, hoy después de hacer el amor, mi risa llena de sus besos no podÃa comportarse y llena de nervio adolescente se dejó llenar de mimos y llenarlo de mimos a él, y esa misma risa traviesa querÃa preguntar si al final de cuentas a tres o cinco dÃas de fecha de ovulación igual hoy, sábado 29, hicimos el amor, sin decir nada más, sin acabar afuera ni ponernos condón. Y ahora siento el pecho siento de llanto. De complicidad, de ganas de gritarselo al mundo porque tal vez en realidad sólo me lo quiero gritar a mÃ.
Y hace dos dÃas me vi una cana. Y Rodrigo ya tiene entradas en el cráneo. Y la familia nos espera con los brazos abiertos. Y al fin y al cabo eso es lo que somos: familia. Y la vuelta será difÃcil.
Ese huevo, huevito, que se llene de todos ellos, y sino que los ovarios, futuros hornos (¿electricos o agas?) que sigan reservando todo eso.
Y mientras tanto entenderme mujer cocina y algún dÃa mamá, y entenderlo a él igual, porque al final de cuentas seguiré siempre siendo mis letras, mis luchas, mis estudios (hoy) mis inseguridades, y sà también, mi mujer mezcla mamá y abuela.