Hacia el 2do Intento
Un mes después, sà más o menos un mes después.
México. Sobrino. Hermanos. TÃos, abuelos, padres, amigos. Todos. Jardines, sol.
La distancia.
España.
Otros amigos, tÃos, sobrinos, abuelos.
Nosotros.
Ser padres. Ser madre.
El miedo, o al menos esa sensación de cosquillas nerviosas sigue.
En México la sensación fue distinta. En México me embaracé de ilusión. De ganas. De amor. En México mi vientre se llenó de ellos, en México sentà crecer en mis ovarios la fuerza de la seguridad, y las ganas…
¿Será que ahora lo dudo? Cuando veo los ojos de Rodrigo no lo dudo. Cuando me imagino mis brazos acunando un sueño suyo y mÃo no lo dudo.
Tal vez todo se responda cuando pueda mi mano acariciar el espacio redondo de mi cuerpo.
Sentirlo ahÃ.
Cuando pueda tarde tras tarde acomodar el sitio donde ahora estoy sentada y convertirlo en suyo. Hacer esa primera conquista de espacio por él.
La cabeza no es buena consejera. Me quedo con las sonrisas de quienes queremos. Me quedo con la sonrisa de Rodrigo. Me quedo con mi sonrisa y le digo a mi cabeza que no quiero pensar más.
Algunos aún no lo saben, y hay tantos que no quiero que sepan aún, hasta que sea, llegar con mi vientre inflamado de ilusión y contarlo.
Dejarlo caer, ir, sostenerse en el tiempo, en la alegrÃa profunda.
Ahora todo va más lento. Por suerte. Me sabe raro. Pero sé que ha de ser asÃ. Que asà es mejor. Que todo vaya más lento. Con más calma. Y no darle espacio al miedo.
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