La unidad dos en espera de tres
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perfecta unidad de dos.
De dos
entregados al amor. En una puerta, en
un sillón, en una montaña.
La
perfecta unidad de dos en espera de tres.
De tres
pedazo de dos, de tres parte de un nuevo clan. Clan del que sacará alas y también volará. ¿Volará cuándo, a los once, a los quine, a los veintitrés?
Perfecta
unidad de dos que nunca costó.
Que se
dio, que creció como hierba salvaje. Que no hubo que pulir, que se forjó sola con lluvias y polen, con savia
que venÃa talvez de otros tiempos. Semilla plantada desde un siempre.
Un
siempre y somos dos. Por magia divina.
En la
espera de ser tres no hay que desesperarse.
Viajes
de idas y venidas, tantas despedidas, tantas veces me dejé cobijar por las doce
horas que un avión marcaba en mà el tiempo para poder procesar el cambio. Tantos cambios.
Alguna
vez escribà que hay viajes que habrÃa que hacerlos en barcos, en barcos que
marquen más lento el tiempo de re-ubicación.
Nuestro
amor siempre ha sido sabio.
Tiempos
acelerados, tiempos lentos. Tiempos de
miedos y de reencuentros. Tiempos de
creer y descreer. De sentir.
Ahora
hay que respetar los mismos tiempos, no acelerar una naturaleza acelerada y
lenta. No buscar más rápido que un
viaje en jet.
Esperar
porque entre nosotros todo siempre se ha cocinado lento. Rápido y despacio. Todo ha sido deseándolo y sin pedirlo.
Asà que
ahora me dejaré llevar por las olas que tengo dentro, por las olas esas en las
que nacÃ, por las raÃces de esas montañas fuertes y sólidas donde él creció y
podremos ser alguna vez, tal vez, más de dos.
Pero ya
sabemos que no somos personas mostaneza. El resto, queda en el sazón que la gente que se siente a la mesa quiera
darle.