Gotas que agotan
24 horas más tarde
las lineas siguen paralelas y simbióticas
marcando un camino que sigo esperando sea hacia la ilusión de un bebé
eso sÃ,
cada vez tengo el estóamgo más revuelto (como buen sintoma de la indeseable)
cada vez me siento más hinchada
pero gota a gota mi paciencia aún no se agota.
Sigo navegando entre las horas que no marcan novedad y que por eso mismo su mutismo a mà Sà me marca novedad.
Sigo esperando.
Deseando.
Soñando.
Aún no puedo hacerme nada más que eso. Esperar.
Lecciones aprendidas durante toda la vida.
Esperar a ser adulto para que te cuenten algo.
Esperar semanas, tachando los dÃas, para que alguien llegara de un destino lejano, a mi casa.
Esperar que alguien llame (más tarde ese alguien llamó y terminó siendo el que quiero sea padre de mis hijos)
Esperar la llamada después de una entrevista de trabajo,
esperar la nota de selectividad (en mi caso del CAD)
esperar soñando que alguien lea mi novela y me la quiera editar
esperar
esperar
esperar
supongo que esta es la primera espera que nos toca.
Luego son nueve meses,
luego las noches en vela o dando de amamantar o (esperando otra vez) que el chico vuelva de la fiesta.
Después será esperar que le llamen a él para que no le rompan el corazón,
o para que le digan que ya tiene confiramdo su primer trabajo.
Y al final esta es una espera más, de las que ya han sido, y de todas las que serán.
Sin embargo el tiempo se suspende más lento. Más espaciado, más cÃnico y más malvado.
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