Diez de la mañana y por fin ya podÃa partir hacia la ecografÃa.
Cámara en mano, amiga al lado, abuela haciendo mate. La ecografÃa se acercaba y yo no dejaba de repetirme “no te ilusiones que tal vez no te dicen el sexoâ€.
Lo que nunca me imaginé es que no sólo no me dirÃan el sexo sino que tampoco medirÃan al bebé, vamos y que para sumarle guindas al pastel me dijeran “esta ecografÃa es completamente innecesaria porque la placenta no subirá hasta que tenga que subirâ€.
No, señoras y señores, nada de esto me lo vi venir.
¿Entonces qué, no debo preocuparme ni hacer reposo y (contenta ya yo como una lombriz) ¡puedo tener relaciones sexuales!? Y todo para que la contestación me deje boquiabierta:
“Hombre… en principio inténtalo si hubiera un despegamiento o algo pues ya se indica cesación de todo tipo de actividades, pero de momento…â€
Asà que eso.
Mañana me toca tocólogo. A ver qué me dice él. Aunque supongo que no mucho, asà como no me ha dicho nada sobre los análisis genéticos y ni siquiera ha preguntado por mis antecedentes…
Vamos, que una feria para dar y tirar.
Cinco y media de la tarde. Intento serenarme, tomármelo con otro poco de filosofÃa. Tratando de creer. Esperaré a ver qué me dicen mañana.
Y sino, supongo que iré a por la segunda opinión.
Asà que eso. No hay novedades sobre el sexo, la jirafa tenÃa sus patitas dobladas (¿será que no está cómodo en su casita?). Y no sé tampoco sus medidas.
Vamos que lo único que sé es que el corazón le late (y sà esto me deja muy feliz), pero tampoco porque lo haya oÃdo.
Sé que pronto empezaré a sentirlo jugar dentro de mÃ. Y cada vez más pasaré de los diagnósticos de una ecógrafa tan chistosa que sólo sabe decir “todo es innecesario†tan en asà que su trabajo, también lo es.