Fotos Semana 26
… a semana vencida las fotos.
ya sabéis para verlas todas dar click en la foto y aparece el album entero.
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SILVINA COMIÓ CARNE!!!
LLevaba ya tiempo con "antojo" de una milanesa de carne (de vaca, sà sà sÃ!!) y Poala sació mi antojo ¡y de qué manera! una verdadera delicia de milanesa… ahora que se abrió la racha hay que ver lo que me espera… a lo menos el asado de bienvenida a casa Sabina.
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Hace seis meses mi cuerpo cambió su ciclo y con eso cambió el ciclo de nuestras vidas.
Un domingo, hace seis meses, y después de no solo diez dÃas de retraso pero nauseas, nervios, energÃas cruzadas, un domingo, tomando un café con una amiga mientras ella giraba el anillo que aún envolvÃa su dedo, por fin, y ante la desesperación de dos negativos, me bajó.
Me dolió en cada expectativa que tenÃamos, pero también entendà que era la manera. Que era la forma, que tenÃa que dejar ir las cosas, perder cuentas, perder cálculos, empezar de nuevo, pero sobre todo, empezar de cero.
Mis ovarios ya estaban llenos de la fuerza de mi mar natal, de los sabores de la casa de mi abuela, aunque esta vez (y por primera vez para mÃ) cocinados por mi papá y mi mamá. Ya se habÃan llenado de los colores tridimensionales de un paÃs picante, y de la sonrisa y alegrÃa de los que viven un paÃs un poquito más allá de éste, colindante.
Ya habÃa llorado más de un mes al ver la gota de sangre que era como si sangrara mi espÃritu… ¿y cómo explicarlo? Si a parte de todo, estaba hormonal.
Empezó el recuento, la cuenta atrás, hace seis meses.
20 de agosto del 2006 y mi menstruación nunca volverá a ser igual. A significar lo mismo. A sentirla igual. Rodrigo me abraza y me dice que ya no cocinaremos ñoquis, que ahora toca hacer una jirafa. Yo me rÃo ¿cómo se hace una jirafa dentro del cuerpo de una mujer?
Y nadé con mi sobrino en piscinas aún abiertas al público y al disfrute. Y mi sobrino me dice que su madre es su princesa y yo me estremezco y me dice que él cuidará de mis hijos, y nos decimos que nosotros también somos algo de madre hijo como lo será su madre de mis hijos porque lo son del corazón. Y mientras camino con él a upa a comprar un helado empiezo, ahora en serio, a perder el miedo, porque esa pequeña criatura que aún no hacÃa los ochos años, me dio la confianza. Y jugamos hasta el cansancio en esa piscina. Nadar, revolcarnos en el agua como ahora Sabina se revuelca en mÃ. Creer.
Un sábado más, un sábado de sol, y algo de viento, un sábado de esos que se cuelan entre sueños, Rodrigo acaricia mi vientre, mi cuello, mis piernas y la caricia se hace larga, extensa, duradera. Hicimos el amor sin pensar en fechas, en cojines, sólo en nosotros, en el placer doble de cuando la carne ama al alma. Dejo pasar el tiempo y disfruto de cada instante. Dejo de presionarme con factores externos. Llamo a mi amiga y retraso el desayuno que tenÃamos programado. Me acurruco en Rodrigo, y él me acuna, sin saber ninguno de los dos que una jirafa veloz estaba comenzando su camino a la vida.
Desayunamos y caminamos entre árboles y aire fresco. Y Madrid en Septiembre es hermoso. Caminamos mucho. Luego camino yo sola por calles turÃsticas y vacÃas. Camino. En casa, y como quien sabe que se termina una etapa paso horas a la tarde mirando vÃdeos viejos. Tan viejos como el recuerdo de cuando vivÃamos en México. VÃdeos de Rodrigo en Ottawa, vÃdeos de un Estanislao de menos de dos años, vÃdeos de una Silvina y un Rodrigo que hacen casa como quien juega a hacer el té. Y mientras tanto ella seguÃa nadando y seguÃa su carrera hasta un óvulo la abrazó.
Luego dÃa a dÃa.
Y de repente el siete de septiembre camino a Las Ventas a ver a JaquÃn (sà Sabina, señores) me mareo profundamente. Pienso que es el calor, que es que tendrÃa que haber llovido y no llovió. JoaquÃn aún no sale al escenario, baja un cartel enorme que dice: “La Sibilla†ahà sà lo pienso, le digo a mi amiga que es como un hada madrina “si estoy embarazada y es niña le pondré Sibillaâ€. Lo digo y no pienso más en ello.
Camino de vuelta a casa, de Las Ventas a Nuevos Ministerios. Hago las paces con Madrid. Me reconcilió. Vuelven a fascinarme sus calles, sus rutinas, sus tiempos, sus silencios y sus ruidos. Me meto en la cama ya sintiéndome mucho más grande, pero aún sin ni siquiera sospechar nada.
Siguen pasando los dÃas y yo pienso más en que mi madre está por venir, en que se acerca Rosh Hashana y que en tengo que animarme a cambiar de trabajo. Los dÃas pasan. Y pienso y no pienso en la jirafita que ya está germinando dentro.
Viernes 22 de Septiembre noche de Rosh Hashana. Tomamos vino y brindamos porque sea la última vez que pueda beber vino. Mi sonrisa no entra en mà al mirar los ojos de Rodrigo.
Sábado de la Noche en Blanco de Madrid, 23 de septiembre. Las porciones de pizza individuales que compramos sobre Fuencarral me caen pesadas. Estoy como indigesta. Lo pienso y no lo pienso. Sólo sé que esa porción de pizza de cebolla me sentó un poco “incómodaâ€. Noche en blanco.
Domingo 24 de Septiembre. Justo antes de marcar el antes y el después. Hacemos el amor y algo regurgita dentro mÃo, un ruido extraño, como si fuera el ruido de una jirafita que quiere decir “acá estoy papásâ€. Nos hacemos el test. Rodrigo llega a la cama con cara de positivo y sin decir una palabra. Nos abrazamos, rezamos, lloramos.
Desayunamos en Vip’s. Queremos que lo sepa el mundo y sin embargo no podemos emitir palabra. Estamos embarazados.
Estamos embarazados, hoy hace seis meses, medio año, que todo esto empezó.
Quedan tres meses más y ya sólo él tercer y último trimestre.
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Papá estaba jugando con ella. Localizaba su cabecita y empezaba a
“pasearla†hasta que de repente se detuvo. Sabina le habÃa dado la
mano.
Como escena de pelÃcula. LLuvia. Una ventana. Dos personas que se
quieren. Separadas. Y asà estuvieron, un rato, dándose la mano.
Trasmitiéndose todo eso que Rodrigo no sabe pronunciar y que Sabina
recibe tan contenta.
Luego ella se fue a dar unas vueltas, a pasear un rato entre en
esternón y el hÃgado. Al rato volvió. Yo sentÃa leves golpecitos.
Era ella llamando a la puerta. Llamando a su papá. Y otra vez
estuvieron un rato, mimándose mano a mano.
Queriéndose con todo el amor que puede entrar en dos cuerpos que podrÃa ser uno.
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