(cursi) Versión 2.0

“con amor no la voy a limpiar”

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Fidy Says
9th April 2007

“con amor no la voy a limpiar”

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…por fin habíamos logrado eliminar el polvo de la habitación de Sabina (llenando el resto de la casa de polvo, basura, ropa, etc), por fin habíamos conseguido dejar los muebles de tal forma que la angustia del encierro no nos cerrara el pecho y por fin, sobre todo, la habitación se veía radiante y, por supuesto, como una absoluta y tajante declaración de realidades: Sabina, señora mamá, señor papá está a nada de llegar.

Señor papá se lo tomó con alegría y una determinante emoción de “por fin hemos conseguido este paso” (que tiene que continuarse en junio con la ayuda del abuelo que pintará y encenefará la habitación con el arte que sólo él lleva en el cuerpo… esas manos, papá, esas manos creadoras) pero la señora mamá (que nada tiene de señora -¿ni de mamá?-) se lo tomó con un ataque de angustia total y llorando sólo con mirar la zona cambiador.  ¿Cómo haré después de bañarla, y si le da frío? ¿El polvo, cómo vamos a hacer para eliminar el polvo si somos un desastre en lo que a la casa se refiere? Aún no tengo ni alcohol, ni gasas, ni nada de nada para sacarla de la ducha (bueno toallas sí pero aún no están lavadas, ni secadas, ni planchadas)… y bueno así y así hasta que Rodrigo me dice “llama a tu mamá, dile a ella como te sientes, verás como te sientes mejor”. 

Teléfono en mano llamé a mi mamá.
     - Hola, corazón qué sorpresa.  (Tampoco sé porqué tanta sorpresa como sino la llamara).
-    Hola, mami.
-    ¿Qué pasa con esa vocesita estás recién levantada?
-    No, mami es que tengo miedo.
-    ¿Miedo de qué?
Y ahí me quedé sin voz y era sólo una lágrima y Rodri me decía dile, dile lo que te pasa, dile de qué tienes miedo. Pero yo no podía hablar y ella, mientras tanto (y como no es aprehensiva) pensaba que estaba en pleno parto y con Sabina saliendo, hasta que Ró ya cogió el teléfono y le dijo que estuviera tranquila que la cosa no iba con la pequeña dentro sino con los miedos de cuando la pequeña estuviera fuera.  Volví yo a coger el teléfono.

Ya yo algo más tranquila y en lo que mi mamá me decía que yo no sólo era producto de un polvo (claro!) sino que había nacido entre el polvo de una casa en construcción (ni hablar de mi hermana que hasta cargaba con sus hermosos tres añitos baldecitos de arena y no para hacer castillos en la playa sino para ayudar a levantar los cimientos de nuestra casa…) así que mi mamá entre que me decía que no pasaba nada me dice que no me asuste que con todo el amor que va a recibir la jirafita esta todo va a estar bien, y ahí, yo, otra vez, a moco tendido le suelto “¡pero con amor, mamá, no la voy a bañar ni a cambiar!”… y mi mamá, como es de esperarse, soltó tremenda carcajada que terminó por contagiar hasta a Rodrigo que no estaba ni siquiera cerca del teléfono.

Cuestión que creo que ahora estoy más tranquila… aunque aún sigo acercándome a la habitación de Kini con cuidado, no sea que de verla tan linda, la niña le de por querer salir a la de ya… porque aún falta lavar y lavar y lavar… y la lluvia madrileña va a hacer que no ayuda.

Así que buscando la tranquilidad se trata de seguir en esta montaña rusa de emociones y de mirar de reojo una habitación que acongoja (¡y acojona…!)

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