Un cuento para Sabina
posted in sentimientos |La princesa que querÃa ser sapo
Era una princesa cansada de tanto reino, una princesa que querÃa ser sapo. Saltar entre las piedras. Érase una vez una princesa que andaba buscando besos tras los árboles para poder saltar entre piedra y piedra para poder descubrir nuevos sitios. Una princesa harta de los jardines de palacio, deseosa de cantar junto a las ranas, de charlar con las lagartijas. QuerÃa ser verde y comer tantos mosquitos como se le acercaran, asustar a los niños traviesos.
Para nadar ella necesitaba ponerse un traja de baño lleno de perlas que le pesaba tanto que no podÃa casi flotar, pero si fuera sapo, pensaba, podrÃa navegar entre las aguas y tomar el sol en la piedra que me diera la gana, sin avisar a nadie, sin pedir permiso a nadie. Asà que fue buscando, entre todos los pequeños lagos de los enormes jardines de palacio, pidiendo un beso, robando un beso a cada sapo, renacuajo o bicho verde que encontrar a su paso.
Su doncella la vio y pensaba “pobre señorita, que cree en los prÃncipes azules, esos ya no se cosechan se acabaron todos después de la sequÃa del treinta y dosâ€. Ni su doncella ni nadie podÃa adivinar lo que la princesa realmente deseaba.
Entre árboles, flores, pájaros carpinteros y pavos reales la princesa pasaba las tardes, buscando a su sapo, a ese sapo verde y maloliente que la convirtiera a ella en un igual. Cambiaba su reino entero por ser sapo. Por croar, saltar, nadar pasar los dÃas bajo el sol y escondiéndose tras la luna.
Una tarde, cuando el sol se estaba yendo, y su doncella comenzaba a llamarla, la princesa vio, escondida tras un árbol de melocotones, a una rana que hacÃa como que cantaba pero que no emitÃa sonido. Ella se acercó. Le cantó al oÃdo y suavemente, le pidió que la besara, la rana la besó y la princesa, aún escuchando a su doncella y viendo que el sol se escapaba, volvió corriendo a palacio, y entendió, que nunca serÃa ni sapo ni rana, ni princesa ni nada.
Supo que serÃa esa mezcla extraña de niña que canta y baila y danza con los árboles sin importar si es verde, sapo o rana, y que cuando quiera nadar en una charca lo hará sin perlas en el cuerpo, aunque también sin escamas.