No sé decir cuándo empezó todo el camino.
El viaje lleno de adrenalina, de mimos,
noche de pordromos
noche de contracciones suaves, a rÃtmicas, digamos que susurros de lo que vendrÃa,
pequeños secretos del útero al vientre del vientre a mis ganas de que Vico estaba cerca.
El viento me acariciaba desde una pequeña ventana
me da fuerza
me dice que personas de otros tiempos estarán cerca en este parto
cuidándonos viéndonos amándonos
lloro
me emociono
me da miedo
cierro los ojos y agradezco ese amor
pido que nos miren un poco más de lejos
no tan cerca
por las dudas
(esta imagen la recordaré a la mañana siguiente, mientras, a las once y media de la mañana Rodrigo y yo desayunamos en un Vip’s (sà un Vip’s otra vez) un desayuno que nos dio las fuerzas para aguantar sin comer el resto del dÃa)
A las diez de la mañana viene Graciela
me mira
me dice que que estoy dilatada de dos centÃmetros pero que lo más importante es que me relaje que esto puede seguir asà aún un tiempo
que camine
que paseé
que siga con mi vida normal
que el parto ya se desencadenará cuando deba ser
ese mismo dÃa o dentro de tres…
Vamos
caminamos
reÃmos
le digo a Rodrigo que voy a parir de una carcajada
me siento profundamente feliz
enamorada
y agradecida con la vida
Llegamos a casa, mi hermana y mi sobrino vienen de visita
Sabina se va con ellos, feliz de su paseo
y ellos me llenan de vida
de amor
de fuerza
de fe y de confianza
mi hermana está luminosamente feliz
Ponemos Guem
Guem y sus percusiones
bailamos
vamos cerrando alguna que otra ventana
de repente la casa ya es una pequeña madriguera
las contracciones son a ritimicas
no importa
yo sé que ese es el dÃa
mientras tanto disfruto de mi Rodrigo,
tan cómplice
tan amigo
tan padre
bailamos
tomamos fotos
saltamos
reÃmos
Estas contracciones aún son pordromos y hay más tiempo que vida
pero a la vida hay que llamarla
me vuelvo tambor
dejo que el vientre suene
por dentro
por fuera
de repente han pasado tres horas
tres horas y media y en mitad de una danza
a las 17:24
sentà como empujaba
y de repente rompà aguas
y lo miré
y me miraba
y lloramos
y en ese momento empecé a sentirme tanto menos pesada
y las contracciones empezaron a ser más suaves
caricias
un poco fuertes o no
delicias
Vino Graciela,
todo en orden,
me dice que ya estoy de tres centÃmetros y en lo que ella me da la enhorabuena de que ya estoy oficialmente de parto
yo me voy a dar una ducha con bastante frustración de sólo haber dilatado un centÃmetro en todo ese rato…
Y de repente todo se acelera, se vuelve salvaje, animal, una danza de paredes y de saltos, de manos que se vuelven abrazos, de brazos que se vuelven soporte, complicidad, de repente, en ese momento en que el parto deja de ser mÃo, en que la dilatación se vuelve pujo, y él, pequeño bebé lleno de fuerza se vuelve parte, parte intensa, el otro, padre de la criatura se vuelve un desprendimiento de mi cuerpo, se vuelve alma, se vuelve fuerza, se vuelve soporte y yo no grito, bailo en el gotelé de la pared, salto al sofá, me cojo, casi desesperada, como animal salvaje, como bestia, como mamifero, como bruja, del marco de la puerta y soplo, y soplo y siento a Guem y sobre todo lo sé a él ángel protector detrás de mÃ, a mi lado, frente a mis ojos y oigo que susurra lo que se sabe “si te quieres tirar hazlo que aquà estoy” y en ese momento entre que dilato y se me abre la cervix, en ese momento en que las palabras sobran de evidentes, en ese momento es cuando Vico puja por salir, porque tanto amor, tanta endorfina, tanta incondicionalidad, sabe él, tan pequeño, no se puede quedar sólo para mÃ: entonces pasa: dos gotas de sangre se abren camino entre mis piernas mientras yo grito: ¡quiero pujar!
Rodrigo, que tiene que volver al mundo terrenal llama a Graciela: ¡está pujando! dice algo de las gotas de sangre, ella dice que es el cervix que se abre, yo nada de eso sé, lo que sé es que quiero pujar. Salto a la cama, de repente es como si fuera una gacela, y no por la elasticidad ni por sus formas, sino proque aparezco y re aparezco en otras partes de la casa, porque salto de un sito al otro, soy rana, soy sapo, croo, croo aquÃ, luego allá, luego estoy agarrada de las barras de la cama, como alguna vez pensé que podrÃa ser, y le digo a Rodrigo: poné las manos el bebé ya sale. Él pone las manos, yo siento el aro del fuego, alguna vez habÃa leÃdo sobre eso: cuando el cuerpo llega a su elasticidad y dilatación máxima, de la tensión arde y el bebé se abre camino. Lo siento, siento el calor, el ardor de la vida, la máxima expresión de sexualidad y sin embargo la cabeza no sale, lo miro a él poner sus manos, como quien las pone rezando, o pidiendo algo, él le pedÃa a la vida, a mi vientre, a mis piernas que el entreguen lo más preciado. Pero Vico no sale.
Llama otra vez a Graciela. La instrucción es que no puje.
“No pujes” dice él, yo sé que él sabe lo que eso quiere decir “retén la energÃa de la vida”. No puedo, le digo yo. Sà que puedes. No pujes, no pujes, no pujes. RÃo sin reÃr y justamente pienso “al revés que en cualquier pelÃcula”
Graciela no llega y retengo un pujo más, el osa decir que se quiere asomar a ver si ahà viene. No lo dejo moverse, es como si me arrancaran la vida por la boca al pensarlo no cerca mÃo. La energÃa, la fuerza es demasiada. La oigo llegar. Se acerca a la cama, dice que se va a lavar las manos y me ve bien y decide ponerse los guantes. Ahà viene la contracción. Tengo que pujar. ¡Puja! Puja mujer, puja la mamifera, puja el animal salvaje aquel que no existe, puja la mujer endiablada, puja con gritos, con el alma volando en el aire y resoplando en el vientre que ahora es pelvis abierta. Puja. Puja. Puja. No sale. Veo la mano de Graciela que tiembla. Ha venido corriendo. Corriendo a toda velocidad. Le digo a Rodrigo que le de agua. Recuerdo que ella bebe, luego le pido agua yo. Me da agua desde la botella, pienso en que lo de las pajitas era una buena idea. Tengo la boca seca y sé que el agua me dará fuerzas para pujar, saliva para gritar, agua vida. Pujo. Los latidos han bajado. Ahora no se oye latido. “¡En este pujo tiene que salir”! Pujo llendoseme la vida en ello. Pienso en el úlitmo pujo que di en el que salió Sabina. Por instinto comienzo a rezar. Me paro en seco. Si se reza hay miedo, yo no tengo miedo. Ahora va a salir. Pujar con todas mis fuerzas. Y tantas que se me escapan trompetillas. Pujo, Pujo, Pujo. No sale. “¡Este bebé tiene que salir YA!” Algo tiembla a mi alrededor, creo que es Rodrigo o Graciela, yo sigo en calma. Queriendo abrir mis entrañas. Le digo algo como que ya más fuerte no puedo pujar. Ella pide perdón y dice que me hará una episiotomÃa. Yo sonrÃo, para mà ha llegado la respuesta: aún se puede hacer algo, no hay peligro. Me acuesto de lado para que me la haga. Rodrigo lo dice. “Vamos al hospital” Ella contesta: “No hay tiempo”, yo pienso “no hace falta” pero no digo nada por un instante temo por las consecuencias. Él dice de llamar una ambulancia, ella dice que sÃ, yo no entiendo pero le digo 112, 112. Pujo, ahora sà sale. ¡Ya está aquÃ! grita ella. Me lo ponen en el vientre reversible. Lo siento y no lloro. El cordón es azul, él es tibio, suave, pegajoso y demasiado silencioso. Nos miramos los tres. Yo digo “en la teta, ven a la teta” Él sigue demasiado silencioso. Pregunto si está bien, si está bien, si está bien. Ella le frota la espalda, con la misma suavidad y dulzura con que durante contracción y contracción me froto y besó la espalda a mÃ. De repente Vico hace algo, algo que dice estoy aquÃ, estoy vivo, estoy bien, soy y estoy como un ser amante. Y nos abrazamos los tres. Ella, él y yo. Y encerramos a Vico en un cÃrculo-vÃnculo que es vida, como la vida que acabo de parir. Son las 18:55, pero eso lo sabremos después, en este instante, no hay nada más que lo que acaba de pasar: un recién nacido (que por un rato será nuestro) está en nuestro regazo y nosotros tres lo hemos traÃdo hasta aquÃ.
Luego viene la placenta, el baño, la pizza, la cava y sÃ: cocer la episiotomÃa: 20 puntos desgarro de Grado 3. Con Sabina fue de Grado 4. Y pienso que entonces será más fácil.
Luego vienen palabras y palabras y palabras y yo sólo sé que tengo a Vico upa, luego lo tiene Rodrigo, todo es paz.
Lo pesamos, lo huelo, lo toco, toma teta antes de los 40 minutos, cuando yo regreso del baño, después de haberlo parido a él y a la placenta. Después de haber llenado mi cuerpo de agua. Después de tener tantas ganas de llorar y aún no darme cuenta.
De a ratos por la noche pensaré que por algo la dilatación lleva un tiempo, 45 minutos es demasiado poco tiempo para contar toda una vida.
Y las ventanas que se abrieron en mitad del expulsivo, y el rezo de Rodrigo, y sus manos entre mis piernas esperando y los saltos de sitio en sitio, y los tambores de Guem, y las 18:18 cuando pensé que esa intensidad (de dolor, de fuerza, de energÃa) no la aguantarÃa durante tres horas más, y el paracetamol que me tomé a las 18: 2ytantos justo antes de querer pujar, y Rodrigo diciéndome déjate ir en mÃ, y mis lágrimas nerviosas de emoción y tormentas cuando parà la bolsa que se rompió ante mà y cuando llamé a mi hermana para decÃrselo y cuando con el abanico movÃa el aire como mis entrañas se estaban moviendo. Y las dos gotas que cayeron en cámara lenta. Y yo saltando en la cama. Gritando el grito de la vida (¿cómo parir en silencio, cómo no anunciarle al mundo que la vida se está abriendo en ti, que una nueva vida está llegando al mundo, que tu hijo va a nacer, que se oigan los tambores, que se oiga el grito de la selva, que se oiga en todo el mundo: él está por llegar!). Yo salvaje, en estado puro. Yo animal. Yo tierra, aire, agua, fuego. Los cuatro elementos puestos en mis cuatro puntos cardinales que se reclinaban sostenÃan y resumÃan en él.
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